Capítulo 1 · video Tiago el Cinturón Blanco y el dragón que se comió el sol
Tiago mira su cinturón blanco brillando mientras el maestro Fabio lo acompaña en silencio Clic o pasa el mouse para ver el clip

Escena 5

El cinturón brilla

En la calle gris, Tiago vio a los héroes alejarse. Temblaba. Quería irse a casa… pero no dio el paso.

Las ventanas del pueblo estaban cerradas. No se oían pájaros. Solo el viento frío y el eco de los pasos de los héroes, cada vez más lejos. La montaña se veía enorme y quieta, como si esperara.

Entonces su maestro Fabio lo alcanzó. Se quedó a su lado, quieto, sin decirle qué hacer.

Tiago no miró a Fabio. Miró sus propios pies. El traje de karate le pesaba. El cinturón blanco le apretaba un poquito la cintura, como siempre… o casi como siempre.

De pronto, el cinturón blanco de Tiago empezó a brillar. Un brillo suave, blanco y dorado.

El brillo iluminó un poco la calle gris. Tiago miró el brillo. Tragó saliva.

—¿Maestro…? —susurró.

Fabio no contestó todavía. Solo puso una mano suave en el hombro de Tiago.

Entonces una vocecita cálida habló desde el cinturón:

—Brillo cuando no te rindes.

Fabio dijo bajito, casi un susurro:

—Cuando yo era pequeño, me contaron una leyenda del cinturón que brilla. Brilla porque hay fuerza dentro de ti. No la de un gigante ni la de una espada… la de quien no se rinde y merece cuidar a quienes quiere. Y cuando brilla así, es porque esa fuerza trae una tarea: cuidar el pueblo y a quienes quieres. Como si el cinturón te hubiera elegido a ti.

Fabio respiró hondo, como en el dojo.

—Hoy los héroes grandes se fueron —siguió—. Pero tú te quedaste. Eso también cuenta. Yo te he visto entrenar cuando estabas cansado. Te he visto volver a intentar un golpe aunque te saliera mal. Esa fuerza ya estaba ahí. El cinturón solo… la enseña.

Tiago levantó la vista. Miró la montaña. Miró a Fabio.

Tiago asintió con la cabeza. El brillo no se apagó.